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Diferentes costumbres

7 Nov

Cada país tiene sus propias costumbres, a las que tendrás que adaptarte si quieres hacer más agradable tu aventura. Por ejemplo,en muchas partes del mundo, el principal rol de la mujer todavía está vinculado a las tareas domésticas. En cualquier caso, es importante ser respetuosas con las diferencias culturales y, si crees que no vas a poder soportar algunas actitudes, lo más recomendable es simplemente cambiar de destino. Si eres una viajera de ésas que lo quiere ver todo, la única solución pasa por una buena predisposición a abrir la mente para comprender otras culturas distintas a la tuya, sin olvidar que… ¡lo más importante es que te sientas cómoda allá donde estés!

Evita en todo momento llamar la atención, imitar el modo de vestir de los lugareños o actuar como ellos puede ser una buena prevención. Por ello, si por ejemplo en la India los hombres no acostumbran a dar la mano a las mujeres, familiarízate con la forma en la que colocan las palmas de las manos juntas para saludarte. Cuando te percates en muchas regiones que los hombres se sientan separados de las mujeres a la hora de comer, respeta esa costumbre. En Taiwan, por ejemplo, no regales alimentos cuando te inviten a una casa, porque lo interpretarán como una ofensa y como un desprecio hacia la comida que ellos pueden ofrecerte. Asimismo, el consumo de alcohol está prohibido en algunos países islámicos, y deberías respetarlo.

La forma de entender la realidad y las costumbres que de ella se derivan se plasma también en el valor simbólico que tienen los colores en cada sociedad. En Japón, el blanco significa muerte, por lo que conviene no envolver nada con ese color. Escribir en China números rojos implica desprecio, mientras que en la India es recomendable evitar tanto el blanco como el negro, y optar por ejemplo por el verde o el amarillo.

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Desierto, mujeres y tuaregs

30 Oct


¡Bienvenidos al Planeta Marte! Aunque en realidad se trate de un vasto territorio en el Sud de Argelia llamado Tassili Ahaggar , una zona desértica que ocupa las dos terceras partes del país.

Un paisaje de infinita extensión donde los coches todo terreno gastan de igual manera la gasolina que sus ocupantes los litros de agua imprescindibles para sobrevivir días enteros en unos desiertos que llegan a alcanzar en verano temperaturas de 45 grados. Afortunadamente, y tras años de cambios climáticos y contrastes extremos de temperaturas durante el día y la noche y aun y los miles de kilómetros que tiene el Sahara argelino, la naturaleza caprichosa nos regala unas mesetas cuyas rocas labran unos relieves calcáreos asombrosos.

La visión panorámica que el viajero tiene a cada minuto de trayecto rompe con la creencia errónea de que varios días en el desierto puede resultar monótono y repetitivo. Incluso estando en el mismo lugar sin moverse durante un día entero afirmaría que gracias a la luz solar y a sus filtros naturales, a todas horas, la percepción y el lugar parecen distintos.

Todo el territorio se convierte así en una obra maestra de adornos rocosos que además esconden sorpresas en su interior… en la zona de Tassili Youf-feaket entre otras, aparecen grabados prehistóricos muy bien conservados que nos recuerdan que el continente africano fue la cuna de la humanidad.

Si los paisajes nos dejan impactados y nos convencen que solo por ello la zona del sur de Argelia merece una visita, sus gentes no te decepcionarán. La hospitalidad de los tuaregs es tal que incluso apostaría con vosotros a que si alguna vez aparecéis en sus casas, simplemente os abrirán la puerta dándoos la bienvenida (en caso de que tengan la puerta cerrada) y os invitarán como mínimo, a un té. Las mujeres y los hombres en estas casas de adobe permanecerán separados a la hora de comer, los niños situados en el amplio comedor de decoración sencilla con el suelo recubierto de alfombras y envueltos por sofás de tonos rojizos, no pararan de jugar hasta altas horas de la noche con el resto de la familia, ya que los valores comunitarios de “compartir” siguen arraigados como en los viejos tiempos cuando los tuaregs debían hacer grandes trayectos con sus camellos y se necesitaban los unos a los otros para acabar la aventura con éxito.

Visité Argelia como guía acompañante y coordinando unos viajes organizados para mujeres. Un grupo de féminas que apostó conmigo en que podía ser divertido y enriquecedor no solo conocer los paisajes exóticos con gente afín, sino también, sus gentes locales y más especialmente sus mujeres porque … ¿cuántos de vosotros cuando nombro la palabra Tuareg tiene la visión de un hombre con túnica azul teñida de índigo? pero… ¿cuántos que los tuareg son el único grupo étnico donde el velo lo usan solo los hombres y que las mujeres ocupan una posición fuerte en la vida social perteneciendo incluso los niños a la capa social de su madre?

Con este viaje nosotras aprendimos a compartir el arte de la cocina lenta con comidas laboriosas como el Cous-cous, a saber pintarnos las manos de henna con los diseños que ellas nos mostraban, a vestirnos la indumentaria típica y curiosear en qué ocasiones utilizaban cada vestido. En definitiva, aprendimos el verdadero significado del verbo “viajar” que no es sólo un traslado, sino también, una participación de convivencia para hacernos descubrir que siendo tan distintos los unos de los otros, finalmente somos una totalidad y que ¡merece la pena aprender y compartir todo de todos!

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