Tag Archives: lugares

Djem El Fna

13 Sep

¡Se escuchó silencio, en una plaza declarada por la Unesco patrimonio oral de la humanidad!

Acompañé en una escapada  de cuatro días a un grupo de mujeres a Marrakech. Desafortunadamente, el tiempo no nos acompañó,  aun y tratándose de un país cuya  temperatura ronda siempre los treinta grados y tristemente marcado por su pleno proceso de desertización resulta que esos días fueron ¡los de mayor pluviosidad desde 1958, sin que, ni tan siquiera los propios locales salieran de su asombro!

 Sí, realmente fue un incomodidad pero debo decir también ¡una gran suerte!   Visitar una ciudad de una manera tan atípica bien se podría considerar un privilegio, pasear por los bazares sin esa masificación de turistas que paran a cada tienda para curiosear la mercancía es un placer.  Aunque los zocos  disponen de toldos, éstos están preparados para simplemente dar  sombra  a las intensas  horas de sol de todo el día  y no a un aguacero  que con fuerza duchaba todas las bandejas plateadas de exposición, resultando ser una buena táctica para averiguar fácilmente si se trataba de mala calidad por la oxidación rápida del material. Las callejuelas enfangadas no dejaban acelerar a los motoristas. Si  el terreno hubiera estado seco seguro no  dudarían en saltarse las señales y adelantar a los peatones sin un mínimo de consideración.

En la Plaza Djem el Fna, las nubes nos regalaron  unos minutos de descanso  aprovechando esos instantes para disfrutar de los eulos ambulantes:  de los encantadores de serpientes , los adivinadores del futuro , los dentistas callejeros y de unos artesanos  vendedores de mercancías curiosas como el  aceite de Argan cuya hidratación promete milagros de juventud eterna o unas especies cuya olor ambientaban de forma natural una plaza cuyo encanto reside en parte, en  la formación de una humareda  procedente de las comidas  de los tenderetes.

El descanso para cotillear tranquilamente esas extravagancias duró poco, de repente, grandes gotas chocaban con fuerza encima de los puestos y los apresurados comerciantes  corrían a proteger sus más valiosas mercancías. Las serpientes se  metían solas en las cestas y los monos no paraban de chillar como intentando avisar a los dueños de lo que se avecinaba.

Djem el Fna se convirtió por unos instantes en una improvisada  Arca de Noé donde animales variopintos intentaban protegerse  en algún lugar seco, lugar  que cada vez parecía una misión imposible. ¡Se escuchó  silencio, en una plaza declarada  por la Unesco patrimonio oral de la humanidad !

La gran tormenta nos permitió ver las dos caras de la explanada. Valoramos  aun más si cabe que  la importancia de ese recinto no estaba  precisamente   en sus edificios o en sus fachadas, sino en sus gentes y su vida social. Unos lugareños que por primera  vez y  desde 1958, no disfrutaron de sus artes escénicas callejeras.

 

 

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: