Africa: Temas de género, amor y turismo

25 Ene

Uno de los factores que puede ayudar a averiguar algo más sobre las actitudes sexuales en cada país consiste en conocer la edad de consentimiento, que es la edad permitida para todo acto relacionado con el sexo, y no necesariamente la edad oficial para casarse.

Aunque las leyes sobre la edad matrimonial varían en cada país, sinceramente esto tampoco tiene mucha trascendencia. Incluso existiendo, en teoría, un protocolo sobre los derechos de las mujeres africanas que debería asegurar, entre otras cosas, que los matrimonios fueran voluntarios y para mayores de 18 años, a día de hoy siguen celebrándose, con el beneplácito de padres y tutores, enlaces de niñas con edades que rondan incluso los 12 años. Esto sucede en prácticas ceremoniales extraoficiales.

Hay muchas zonas de África de las que se desconoce la edad de consentimiento, ya que ni tan siquiera se contempla; dato muy significativo para prever los posibles abusos que se pueden cometer.

Aunque se pudiera pensar que hay una relación causa-efecto muy directa entre la promiscuidad y la transmisión de enfermedades sexuales, los estudios demuestran que no necesariamente es así. Por el hecho de estar en África y de conocer su elevado índice de enfermedades sexuales (en la zona sur del continente se concentra el 38 % de los enfermos de sida de todo el mundo), podríamos interpretar que en este continente hay mucho “desenfreno”.

Es cierto que en África algunos hombres mantienen prácticas amorosas con distintas mujeres a la vez y a largo plazo, en cambio, en países como Camerún, Haití o Kenya, las mujeres tienen un único compañero. No obstante, hay tribus como los Bantú Himba donde el noviazgo consiste en que la chica tenga varias relaciones con hombres; o casos como Tanzania, donde la proporción de compañeros para ambos sexos es similar.

Por lo tanto, el alto porcentaje de enfermedades de transmisión sexual responde también a otros factores adicionales relacionados con la cultura y la educación. En primer lugar, las mujeres casadas están más desamparadas con relación a temas de prevención de enfermedades. Hay un porcentaje muy elevado de madres adolescentes que tienen menos poder de influencia sobre sus maridos, los cuales muchas veces son infieles. Y en segundo lugar se encuentra la práctica de matrimonios infantiles. En países como Guinea, Malí, Níger o Etiopía, se celebran muchos matrimonios con niñas con las que, posteriormente, se mantienen relaciones sexuales, ¡niñas que ni tan siquiera han tenido la primera menstruación!

Otro motivo del incremento y de la extensión de estas pandemias está relacionado con la pobreza. Por lo tanto, son muchas las causas, y no sólo la relacionada con la excesiva actividad amatoria, las que explican esta situación. ¡No olvidemos que los solteros en África son menos activos sexualmente que en muchos países occidentales!

Más que escribir unas líneas ilustrando el concepto del machismo africano, creo que lo ideal es contar algunas de las prácticas que imperan en el continente para darnos cuenta de los niveles de degradación que se alcanzan. En Botswana, por ejemplo, en algunos casos, una mujer no puede mirar fijamente a la cara a un hombre. Esto sucede a pesar de estar considerado como uno de los países más “comprensiblemente liberales” por el Kgotla. En Uganda, es común una forma de saludo en el que las mujeres deben arrodillarse. En la zona del sur de Etiopía, el rito de iniciación femenino consiste en recibir castigos de los hombres jóvenes, una iniciación que como bien dice la palabra sólo es el comienzo de las futuras palizas en caso de no hacer bien el trabajo de casa.

En Mozambique (principalmente en el sur y en algunas etnias rurales, puesto que en general el país es uno de los que tiene en el mundo más representación femenina en el parlamento), una mujer debe dejar automáticamente sus tareas y atender al hombre cuando éste precise de su ayuda. También podría citar las agresiones que se producen en la República del Congo, ataques que provocan que una gran cantidad de mujeres tengan que acudir al hospital para ser tratadas de las llamadas fístulas obstétricas.

Respecto a las uniones amatorias, en el continente africano hay tres fases imprescindibles a tener en cuenta: la etapa de pretendientes y noviazgo, donde se suele implicar a la familia por razones de prestigio de los clanes, aunque la elección de las parejas a veces sea voluntaria; la dote, como herramienta de compromiso; y la ceremonia, como acto de unión que tendrá distintas modalidades dependiendo de la tribu en cuestión.

En África, conceptos como “amor”, “descendencia” y “economía” resultan estar tan condicionados que existen múltiples modalidades de matrimonio según las necesidades sociales. Un caso curioso es el de la unión entre dos mujeres, que no responde tanto a la atracción sexual como a un propósito colectivo.

Para finalizar, no debemos olvidar las relaciones amatorias entre occidentales y locales. La zona del norte de África, junto a algunos países caribeños y de América Latina, se lleva la palma de “ligues internacionales”. Una de cada cinco mujeres solteras de países desarrollados (entre otras nacionalidades, italianas, alemanas, británicas o españolas) en algún momento de su vida disfrutará de unas maravillosas vacaciones en Kenya, Gambia, Ghana o Senegal, entre otros países de la región. No sólo viajarán en busca de sol y tranquilidad

 

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