Planficación turística y género, mis metodologías. Sandra Canudas

31 Dic

No son excesivos los estudios en la investigación de consumo respecto a la identidad de género o la razón del porqué un tipo de personalidad puede reconocerse más con los roles masculinos o los femeninos. Consecuentemente por la complejidad de las actitudes es más fácil basarnos en el sexo biológico que en la identidad de género.

La identidad puede ser un buen indicador de las actitudes de ocio pero mal pronosticador acerca de los productos o marcas que se pueden llegar a escoger. ¿Son útiles las preferencias hacia lo femenino o hacia lo masculino que todos tenemos para explicar algunos comportamientos de los consumidores/as? Los estudios (“Gender Identity in Consumer Behavior Research: A Literature Review and Research Agenda” de Kay M. Palan) deducen de momento que las actividades de recreo y algunos productos relacionados con la identidad de género no son determinantes para descubrir “talantes” de consumo siendo en cambio, la fisiología una premisa mucho más concluyente.

Es cierto que existen artículos basados en revisiones metanálisis -como los analizados por Janet Shibley Hyde de la Universidad de Wisconsin y publicados en American Psychologist, que sostienen la moderada diferencia existente entre hombres y mujeres (biológicamente y psicológicamente) con la excepción sobretodo en el ámbito del funcionamiento motor y de la sexualidad argumentando que, donde sí existen más diferencias es en la aplicación de nuestras creencias culturales y sociales respecto a los roles de “ lo que significa ser mujer o hombre”.

Si hacemos un breve recorrido sobre el pensamiento de la igualdad en sus orígenes advertimos algunas creencias feministas que exponen que, todo parte de una premisa de construcción social. Es verdad, que no se trata tanto de nacer hombre o mujer como hecho natural, más bien el determinar qué es ser “hombre o mujer” y es cierto que, muchas veces hacemos distinciones de lo que se considera propio de varones o hembras respecto a las actitudes y actividades. Sociólogos como Talcott Parsons ya elaboraron en los años 50 teorías sobre los roles sexuales y el papel que juegan la biología y la cultura en la formación de la personalidad masculina y femenina. De estos numerosos estudios se concluyen resultados respecto a talantes de consumo en el ocio y en los temas de marketing basados en el género. No obstante estos antecedentes, la ciencia sigue avanzando con nuevas divulgaciones que generan nuevas apreciaciones y en estos recomiendo entre otros estudiar el neuromárketing y el método de las “neuronas espejo” consistente en reproducir conductas sintiéndose identificado con esa repetición y por lo tanto, viendo un hecho externo y a la vez, ser capaces de realizarlo en nuestro propio cerebro. Es esa “empatía” la que ayudará en nuestras futuras ventas.

Son las respuestas cerebrales de atención, memoria retentiva y compromiso emocional las claves para el nuevo marketing y ese interés en la actitud del subconsciente y su medición son las que mejorarán nuestras estrategias.

Recordad que la investigación científica actual sobre el cerebro humano dice que el 98% de las actividades de nuestro cerebro son inconscientes, por tanto ¿sabemos tanto? Yo por si acaso, en mi afán de superarme y nunca dejar de aprender me estoy títulando para ser terapueta sistémica teniendo la certeza que aplicaré estos estudios en mis futuros proyectos.

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