Kiriguistán, el rapto del paisaje y de… ¿sus mujeres?

22 Ago

“Extensión”,” anchura” y “grandeza” son las primeras palabras que surgen en mi mente una vez terminado mi viaje por Kiriguistán y es que, siendo un país pequeñito que pasa algo despistado observándolo sobre cualquier mapamundi de papel, un punto marginado junto a las restantes regiones de Asia Central, una vez llegados al lugar, el hechizo aparece y el efecto de la tridimensionalidad asoma resultando ser entonces el propio viajero, el que se manifiesta diminuto.

Calles anchas en la capital de Bishkek herencia de la planificación urbanística soviética socorren a los conductores y a un tráfico caótico causado en parte por la abundancia de coches de distintas marcas donde el turista juega a adivinar si el siguiente conductor tendrá el volante al lado izquierdo o en el derecho, puesto que ambos están permitidos y es sólo el poder adquisitivo del conductor el que determina qué coche tendrá y donde se situará el volante.

Ya fuera de la capital nuestras gafas imaginarias en 3D siguen haciendo su efecto con parajes como el Parque Nacional Ala- Archa alzándose a través de unos picos que llegan a alcanzar los 4000 metros resultando ser un perfecto atractivo para los escaladores venidos de todo el mundo.
Si Ala-Archa sorprende por su verticalidad, el lago Son Kol lo hace por su panorámica horizontal, una perspectiva de extensas estepas obligándonos a girar nuestra cabeza 360 grados sin poder llegar a alcanzar dónde queda el infinito. Los únicos indicios residen en el contraste lineal entre el amarillo verdoso del pasto con el agua del lago y la aparición de vez en cuando, de un conjunto de yurtas, las viviendas de cubierta gruesa de los nómadas (ahora más que nunca entiendo la necesidad de la manejabilidad para sus desplazamientos). Unos hogares símbolo del país que con cierta semejanza a las setas, brotan por la llanura facilitándonos junto al pastoreo de los caballos algo de contraste y colorido en el horizonte.
Kiriguistán.Turismo y mujeres
Si la visión del “caracoleo” de los nómadas llevando siempre su casa a cuestas y el cuadro de la campiña no fuera lo suficientemente estimulante y no se apreciara el silencio como un “bien” escaso casi imposible de conseguir en occidente, atesoro la experiencia del lago Issyk-kul, la Suiza de Asia Central , garantía de éxito y persuasión por la cantidad de poetas de oriente que compusieron sus canciones y poemas en sus lares, como el de Manas: el poema tradicional del pueblo kirguís veinte veces más largo que la Odisea de Homero y que, como ocurre con las medidas de los paisajes kirguizos también éste escrito épico es ¡ uno de los más largos del mundo!
No nos quedemos únicamente con el efecto óptico y postal del viaje, precisamente por ser especialista en temas de turismo y género me llama la atención para bien o para mal, alguna de las tradiciones kirguizas que merecerían el protagonismo de un artículo completo, como el caso del rapto de las novias.

Boda KriguizaUna práctica que se usaba para evitar pagar la dote de la novia y que sigue a tiempo presente. Aunque   teóricamente hoy está penalizado y es denunciable ( comentar que en las últimas dos décadas, sólo dos hombres han sido condenados por raptar a una mujer y convertirla en esposa ) son las kirguizas con trencitas (el peinado es el identificativo inequívoco del estado civil de soltería de las chicas) las que tienen/tenían potencialmente más probabilidad de ser raptadas y que, una vez realizada la retención y pasada la primera noche fuera de casa, ya se les colocaba un pañuelo blanco encima de la cabeza distinción de considerarlas casadas. Una de cada tres mujeres que contrajo matrimonio en Kirguizistán lo hizo con un desconocido y contra su voluntad.
Tomando un té con mermelada, la bebida típica de aquí, me acuerdo de un proverbio kirguiso que  comenta que “todo buen matrimonio debe comenzar con lágrimas” ojalá la mayoría hubieran tenido la osadía y la personalidad de Kurmanjan Datka, una mujer que sale en los billetes kirguizos de 50 soms precisamente, por romper con la tradición escapando con 18 años del que debía ser su marido forzado y casándose posteriormente por amor, con un político feudal local…

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Todo buen matrimonio en Kiriguistán o en cualquier otra parte del mundo debe comenzar con lágrimas sí, ¡pero de felicidad!
Sandra Canudas. Especialista en turismo y género, travel & coaching

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