Viaje de una mujer a la tierra llamada “de los hombres salvajes”. Parte I By Sandra Canudas

5 Abr

La vida sólo se vive una vez y tenemos que hacer el esfuerzo de gastar energías en aquello que nos hace feliz porque en el transcurso del día a día ya habrá ocasiones en que el destino nos proporcionará aquellos momentos que ya no serán tan buenos. Así es, que aplicando esta filosofía y cansada de nueve años trabajando en algo que no me gustaba, calculando números y más números en un departamento financiero de una gran compañía, decidí marcharme y cumplir con aquello que deseaba.
Motivada por mi pasión por la arqueología y antropología y queriéndome sentir como una heroína al estilo Lara Croft o Indiana Jones en busca de su último tesoro, me fui a Australia, mi primer paso para preparar el que sería realmente mi viaje: convivir un tiempo en los altiplanos de Nueva Guinea Oriental a 200 kilómetros al límite con Irian Jaya con las diferentes tribus que viven allí.

Pasé con mi visado de 60 días las aduanas del aeropuerto y ya me quedé sorprendida por la capacidad de ser el centro de atención en la sala de espera, se tiene que reconocer que mi piel blanca contrastada ante tanta tonalidad oscura no podía ayudarme a pasar discreta: siendo de raza caucásica, mujer y encima viajando sola, era un llamamiento a la curiosidad más humana.

Viajeras y Papua

Viajeras y Papua

En Port Moresby, capital de Papua Nueva Guinea, se empieza a percibir lo que es la realidad del país: en el aeropuerto la vigilancia es tan extrema que sólo estrictamente las personas que van a volar ese día pueden entrar, el embarque al interior del territorio consta únicamente de una sala con pocas puertas por las que cuando ya sabes la hora y la letra que te toca, sales y aparece una azafata delante del avión con el cartel de la letra del abecedario en cuestión. Preguntando me informaron que este sistema es simplemente para ayudar a la gente analfabeta a encontrar su avión y como que tampoco tenían tantos vuelos al día no necesitaban ningún tipo de numeración. Allí comprendí que aun habiendo leído mucho sobre este país tendría que hacer también el esfuerzo si quería convivir con su gente de ampliar mi mente occidental hacia otras formas de pensar completamente distintas a las mías.

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