Amor y sexo en los paises musulmanes

29 Mar

En muchos países musulmanes, perviven reglas basadas en la ley Sharia, con detalladas explicaciones sobre la conducta, los criterios morales y, en general, sobre todo aquello que se considera bueno y permitido (halal) o malo y prohibido (haram). Esto afecta de manera determinante a las conductas sexuales, pero no necesariamente de forma preventiva. Me refiero expresamente a la Sharia y no al Corán y el Hadiz (registro de los preceptos del profeta Mahoma), porque estas fuentes de información originales, por el contrario, ponían de manifiesto la igualdad entre hombres y mujeres, y apoyaban a las mujeres en temas relacionados con el matrimonio o el divorcio.

Género y turismo

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A pesar de estos preceptos originales, las interpretaciones estrictas de la Sharia y de sus códigos religiosos para vivir “mejor” integraron unas penas para lo que se consideraba ofensivo por tratarse de “delitos contra la voluntad divina” o Hadd. Esto ha acabado por originar casos reales y espeluznantes como los que se ven en Irán o Arabia Saudí, donde el sexo prematrimonial se castiga con azotes y el adulterio, con la lapidación. El castigo no se aplica únicamente a la población autóctona, sino que ¡más de una pareja de extranjeros en actitud cariñosa han sido escarmentados por considerar que actuaban de “manera ofensiva”!

Tratar las costumbres amatorias de los países musulmanes es complicado porque hay mucha disparidad según el país en el que nos encontremos y según lo estricto que éste sea con la aplicación de la Sharia, lo que implicará que se esfumen muchos de los derechos humanos básicos. Por ejemplo, en países como Nigeria o Afganistán, lapidan a la mujer adúltera sin ni tan siquiera seguir la norma revelación 24:4, según la cual cualquier acusación debería apoyarse en una evidencia de cuatro testigos presenciales.

La condena del sexo y de todo lo que le envuelve es contemporánea en el mundo árabe. En la Edad Antigua, en Mesopotamia, y más concretamente en la zona del actual Iraq, se celebraban orgías en los templos para venerar a la divinidad Ishtar tras una victoria. De hecho, todas las mujeres, incluso las casadas, tenían que pasar por el templo para practicar sexo con un extraño al menos una vez en la vida.

Es curioso como esta censura del universo de la sexualidad ha creado un mundo literario y poético alternativo para referirse al lenguaje que lo envuelve, en el que “pene” se substituye por “columna”, mientras que “vagina” (¡palabra naturalmente innombrable!) tiene más de 50 alegorías implícitas. Si se intenta escribir estos términos explícitos en un documento del ordenador, el corrector no los reconocerá, ya que no existen.

El sexo está volviendo a aflorar, aunque sea al amparo de las interpretaciones del Corán y los Hadiz, alcanzando gradualmente la importancia y la valoración positiva que merece. Con las nuevas tecnologías, la sociedad, antes tan rígida, está cambiando. Se empiezan a considerar como lícitas las experiencias carnales que anteriormente eran tachadas de pecaminosas (siempre, por supuesto, en sectores que no sean extremadamente conservadores), aunque sea cobijándose en la religión y en los antiguos textos.

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