Perder el miedo a viajar sola. El caso de la experiencia viajera de Erika Castillo

25 Ene

¿Cuántas veces hemos dejado de hacer algo por miedo? No sé vosotras, pero yo unas cuantas.. y os confieso que me da mucha rabia, aunque inútilmente me enfade conmigo misma. Me gustaría compartir con vosotras, un pedacito de mi historia, relacionada con los miedos que a veces padecemos, muchas veces irracionales.

Cuando tenía 18 años,  en medio de una crisis personal decidí dar un vuelco a mi vida por completo. Tenía serias dudas de qué hacer con mi vida; problemas en casa, en los estudios.. no sabía hacia dónde tirar, así que pensé que un cambio de aires o mejor dicho, de país me iría bien. Cuando le explico esto a alguien es divertido, me conozcan o no; pues nunca se imaginan que me fui a Irlanda a hacer de Au Pair y que acabé viviendo en una casa-granja durante tres meses cuidando de dos pequeños demonios, lejos de mi casa y mis amigos. La experiencia fue.. ¿Cómo lo diría? Un poco surrealista… aunque me pasó de todo (bueno y malo, aunque hubieron más risas que momentos de tristeza) fue una experiencia increíble. Entre semana trabajaba, y los fines de semana viajaba por todo el país sola, con mi mochila y mi vieja cámara de fotos.

Lo que más me gusta de explicar mis peripecias de viaje es cuando dicen “ Oye, y ¿fuiste tú sola? ¿No tenías miedo? Qué valiente ..”.  Obviamente (sí) tenía miedo. Pero en el momento que subí al avión decidí cambiar la palabra “miedo” por sorpresa, puesto que el mi miedo venía determinado por no conocer qué iba a pasar cada 5 minutos.

¿Os ha pasado alguna vez eso de ir al gimnasio después de todo el verano sin ir , volver a casa rendida y descubrir que te duelen músculos que ni siquiera sabías que existían? Es un ejemplo muy tonto, pero viajando me pasa algo así. Pase lo que pase, aunque no tenga ni idea de adónde vaya… acabo saliendo ilesa de cualquier situación.

Al final, siempre se te ocurre algo para girar la tortilla a tu favor, aunque no tengas ni idea de cómo (llamadle ángel inspirador o un as en la manga) ,así que:

-Consejo núm. 1: Confía en la vida, pero sobre todo confía en ti ( y si lo haces ya, confía aún más).

Viajando aprendes a superar tus miedos, empezando por los más banales, dando paso a toda esa fuerza interior que tenemos dentro de nosotras, incluso disfrutando de nuevas facetas que no conocíamos de nosotras mismas. A mí me gusta mucho viajar, pero a veces me entran miedos como “ y si me aburro? Y si no encuentro a nadie con quien hacer amistad? Y si… “ y si nada! Ten por seguro que todos los miedos que nos puedan entrar en esa cabecita son fundados de inseguridades, que a medida que vas viendo que vas superando pierden valor, hasta que un día piensas “por dios, de qué diablos tenía miedo”?

-Consejo núm. 2: Es momento de invertir.  No os asustéis, nada de bancos ni preferentes! J Viajar es una gran inversión, y atentas; inversión que ningún banco ni ningún político podrá robaros. Es una inversión personal, física y mental… una puerta a un nuevo mundo, donde hay mil cosas que descubrir, mil sonrisas que regalar… y sobre todo es una gran escuela.

Para mí viajar, además de ser una medicina para el alma  es una herramienta de superación personal. Cuando viajo sola, no me siento del todo sola… estoy conmigo misma, y eso me ayuda  a ver que puedo afrontar cualquier cosa que me pueda pasar; refuerzo mi autoconfianza y redescubro el mundo con otros ojos, tanto que cuando vuelvo a casa veo que nada ha cambiado… y que yo, y mis ganas de vivir han aumentado así como mis miedos se han ido haciendo pequeños… porque he visto que no hay nada que no se pueda solucionar.

-Consejo núm.3:  Dale el pasaporte a tus miedos. Visualiza tus miedos y háblales, déjales saber que les queda poca existencia. El miedo es como un lastre, una mochila que pesa hasta que decides que poco a poco tiene que vivir su vida.. tener miedo no siempre es malo, pues es también un mecanismo de defensa en situaciones en las que nos podemos sentir en peligro. Al miedo, así como tantas otras sensaciones hay que respetarlo, darle un pequeño lugar en nuestra vida.. aprender a convivir con él, pero jamás darle el permiso para que paralice nuestra vida y nuestros sueños.

… Y el mayor consejo de todos, con mi poca experiencia de viajera es que viajéis con el corazón, la vida está llena de sorpresas y personas que nos pueden alegrar el camino. No olvidéis el poder de una sonrisa o una palabra amable, es el pasaporte hacia un bonito viaje.

 

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