Somos distintos ¡Tenedlo en cuenta cuando ofrezcáis servicios!

19 Sep

Ella se adentra en la habitación del hotel, deja la maleta encima de la cama y automáticamente se interna en el cuarto de baño para ver el nivel de pulcritud de la estancia y la cantidad de “amenities” o muestras de jabones que ofrece la cestita, aparta la cortina y comprueba tranquila que la ducha tiene brazo extensible  [¡perfecto!

Piensa ella. Más cómodo porque hoy no me quería lavar el pelo]. Se retira de la toilette para volver al dormitorio, abre la puerta del balcón y  aprecia las vistas desde la habitación. Seguidamente y siguiendo con la inspección  toca abrir los cajones y los armarios por si vale la pena en el plazo de tres días de permanencia  colgar alguna de las prendas que se aglomeran caóticamente en la maleta.  Antes de empezar con la labor  toma un respiro y se deja caer encima de la cama como un peso pesado y  ¡con sus zapatos puestos! [Me permito este lujo ya que en el interior de mi casa ni tan siquiera ando  con ellos]

En la 306, justo al lado de su habitación, un hombre de negocios se pelea con la tarjeta magnética para acceder al cuarto, finalmente consigue entrar. Deja su maletín,  ojea rápidamente la habitación y sentado encima de la cama  aprovecha para  leer la revista de la programación de televisión por cable y las películas disponibles que podrá curiosear  esa misma noche; abre el mini-bar…Esta pequeña historia descriptiva de un momento de acceso a la estancia de cualquier hotel y que, quizás parezca un tanto estereotipada, es fruto de cientos de estudios sociológicos  elaborados en  los hoteles urbanos de todo el mundo y donde se analizan entre otros, los distintos comportamientos de los clientes según el género. Se concluyen  algunos  resultados anecdóticos como los recorridos diferenciados según se trate de un viajero o una viajera,  conductas como que la mujer dedica mucho tiempo a planificar cada desplazamiento o que somos distintos en el gasto: la factura final de un hombre ronda la media de 340 euros en un hotel europeo  mientras que el  de una mujer con una mayor austeridad, no supera la cifra de  230. Las mujeres seguimos los mismos hábitos estemos en nuestras casas o en un hotel, dormimos al mismo lado de la cama y hacemos los mismos pasos al levantarnos; los hombres  en cambio, no actúan de igual forma que en sus casas.

Aunque como ha quedado reflejado en esta historia, ellos se interesan preponderantemente por los servicios tecnológicos como el acceso a Internet o los canales de televisión y ellas, por el equipamiento del aseo, curiosamente son los hombres los que más preguntan respecto a los servicios relacionados con las  actividades para los niños.

En definitiva, si en nuestra forma de vivir, de ser y de actuar existen diferencias, también  estas disparidades  se encuentran en el viaje: eligiendo los destinos, en el gasto  e incluso en nuestro comportamiento fuera de nuestro hogar habitual.

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