Geisha

4 Nov

Está anocheciendo, los farolillos de papeles blancos y rojos suspendidos en el aire de los distintos recintos empiezan a encenderse y como niños juguetones no paran de oscilar de un lado a otro mostrando su ligereza de gravitación ante una brisa que solo estas lamparillas parecen notar.
Aun y los callejones estrechos y las pocas referencias visuales, la luminaria rojiza me indica que estoy en el lugar perfecto donde comer un apetecible Sushi o un Fugu. De mi distracción absoluta monopolizando el sentido de lo visual ante tal pasatiempo de resplandores en movimiento, paso al sentido auditivo: el silencio se rompe con un sonido que claramente distingue un golpeteo de pisadas con resonancia a madera …cloc cloc cloc cloc , me giro súbitamente y ¡ahí estaba! Una geisha vestida con su atuendo completo de kimono y cinturón Obi irrumpe súbitamente en el callejón escurriéndose con rapidez y paso firme. Ella entra en una de las casas de té; empecé a imaginar su historieta: seguro que a esas horas estaba preparada para actuar ante un danna o cliente habitual.
Estoy en Pontocho, el distrito nocturno de Kioto y una de las áreas donde a día de hoy y a pesar de quedar menos de mil geishas ¡puedes ser el afortunado de ver una!
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